Historia
No soy perfumista,
ni tampoco quise estar cerca de los aromas.
Fue algo que llegó sin que yo haya querido, pero que se quedó en mi y mis perfumes.
Tenía siete años cuando conocí las primeras materias primas aromáticas.
No fue una elección,
sino un legado que me llegó a través de mi madre.
Ella decidió fabricar productos de SPA (aromaterapia, jabones, sales de baño, etc.) para mejorar el ingreso de nuestra familia.
De pronto, la casa se llenó de frascos, aceites y botellas que no permitían que la luz entrara, protegiendo las joyas líquidas.
Con ella aprendí que un aroma no es solo un olor.
Dependiendo de cómo combinabas, generabas emociones en algunas personas, igual que un cuadro de pintura.
Estudié Ingeniería Civil Industrial en la Católica. Pensaba que me iba a dedicar al mundo de la gestión corporativa, pero quise crear mi propio negocio.
Fragancias era un mundo conocido, fácil de acceder para mí, así que entré. Comencé con reinterpretaciones de perfumes.
Con el tiempo me fui dando cuenta que a pesar de vender bien, no tenían alma. Eran de gusto masivo, y me compraban por rico aroma.
Pero les vendía a gente que no compartía mis valores. Con el tiempo me empezó a doler la guata mi propio trabajo.
Tuve que parar para poder replantear todo...
Me replantié, y creo que sigo replanteando todo, al final la marca evoluciona conmigo como persona.
Hoy, quiero vender perfumes a hombres que busquen los valores de la familia, que busquen y que crean que hay una mujer para toda la vida, la cual hay que encantar todos los días (El perfume N2 te ayuda a eso).
Que busquen la excelencia, que sean íntegros, que no roben, que no desacrediten, y que cuando fallen se vuelvan a levantar, tengan la capacidad de pedir perdón, y que sigan subiendo la montaña de la excelencia en todas las áreas de la vida.
Porque no existe el hombre perfecto. Cómo una vez leí: Porque hombre de verdad, ¿Quién lo hallará?
Sólo están los que constantemente progresan,
esos hombres merecen un perfume que los respete.

En el génesis tanto del negocio de mi madre como de esta historia.
Atte,
Sam